Retablo interior de la feria
Celia Casado me presenta a su hija: “no sé si recuerdas al portavoz de Izquierda Unida, el chico que escribió sobre tu padre” (fallecido hace unos años). Es uno de los instantes más emotivos de la feria, de esos que se adhieren a los pliegues de la memoria, de esos que te recuerdan que en política hay adversarios y no enemigos. Eso, y el “Alumbrón” de Peli, fueron lo mejorcito de las horas previas al inicio oficial de la fiesta, como una bocanada de aire fresco en medio de tan calurosas noches.
Lo bueno de acudir a las recepciones oficiales, sobre todo en situaciones de distensión, es que hay momentos donde los disfraces se quedan en el guardarropa y aparecen las personas. Por eso acabas hablando de música culta del siglo XX (de Satie a Berg, pasando por los “clásicos” Debussy, Shostakovich, Glass...) con Pedro Sánchez, el “secretario accidental” del ayuntamiento, o de la “triple B” (Bach, Beethoven, Brahms) con Juan Rodríguez Romero, o de algo mundano, como la alergia bestial de esta primavera que tengo en común con Ana Sánchez, la delegada de hacienda, mientras José Caballo (“sí, sí, era él”) se fotografiaba con el alcalde de Dos Hermanas y con la consejera Micaela Navarro, a sólo unos metros de distancia de Los del Río y bajo la mirada atenta, escudriñadora y extrañada de los concejales del PP (no era para menos), que por un día dejaron sus corbatas en el armario y acudieron “arreglados pero informales” a la copa institucional.
Porque en estas cosas de los pequeños fastos también se aprende algo de estrategia y te das cuenta de que hay personas que permanecen sin bajar la guardia jamás, ni siquiera en fechas festivas. De otra forma no te explicas el paseo por el “real” del andalucista Julián Álvarez con el alcalde de Lebrija, o la visita del “campeón” Javier Arenas a la caseta de Ibarburu. Que todos tenemos derecho a todo, por supuesto. Hasta Evo Morales, de quien me acordé el sábado porque apareció en El país una noticia donde se decía que Joseph Stiglitz (Premio Nobel de Economía 2001) refrendaba el proceso de nacionalización de los hidrocarburos por parte del gobierno boliviano.
Una de las fotos más curiosas de esta feria debería ser, sin duda, la que nos hicieron al obispo ecuatoriano Víctor Alejandro Corral Matilla y a mí almorzando en la caseta del Partido Comunista. Monseñor Víctor es, probablemente, el primer “sotana” -como diría mi amigo José Sánchez Gutiérrez- que entra en la PCEra. Más aún si junto a nosotros dos se encontraba Juan Manuel Sánchez Gordillo, a quien el obispo de Riobamba quería conocer expresamente. Las palabras que intercambiamos los tres no las diré aquí, pero también, por inolvidables, quedarán grabadas en mi memoria.
0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home