10.5.06

Rosenvinge

“Continental 62” es el único disco de mi lista que encontré en Carrefour. Cuando me pasan esas cosas siempre me enfrento a tres sensaciones contradictorias: una, la que me pregunta quién me manda a mí comprarme música en un supermercado; otra, la que se alivia de la suerte de hacer tal cosa, porque así evito quedarme sin un euro para los restos.
La tercera, el miedo a meter la pata después de soltar los 12,95 que me costó el disco, tardó apenas unos acordes en remitir. “Continental 62”, después de una primera escucha, me abarcó por completo, me desarmó como me desarman esas obras grandes de apariencia sencilla, como ya logró Christina Rosenvinge con “Foreing Land”.
Me bastó acercarme una vez a “A liar to love”, “Jelly” o “Tok Tok” para recogerme en sus espacios, en sus misterios, en sus defectos. Y la letra de “Teclas negras”, en castellano, es emocionalmente impagable.
A veces me pregunto cuánta felicidad se puede extraer de la tristeza. Y a veces encuentro la respuesta.