Diálogos en el balcón
(Katrin) Yo no creo que pudiera vivir toda la vida con la misma persona. (Nike) Alguien dijo hace poco en televisión que cuando una persona se enamora, segrega una sustancia que se va perdiendo con el paso del tiempo.Verano en Berlín (Sommer vorn Balkon) es una de esas películas que, cuando sales del cine, te deja pensando sobre la complejidad de la naturaleza humana. En mi caso, además, siendo una persona tan olvidadiza, estoy seguro de que con el paso del tiempo olvidaré todo sobre ella, su título, sus personajes, la trama que cuenta, pero, sin duda, será de esas historias que van dejándome poso en algún lugar de mi conciencia y creándome, sin yo mismo darme cuenta, una concepción de la vida y de la gente y de las relaciones entre la gente.
(Nike) Los hombres que no merecen la pena se han sentado en esos sillones. Los que sí merecen la pena se han sentado siempre en el sofá, como tú. (Ronald) ¿Tengo que decir algo?
El argumento no tiene nada de especial: dos mujeres con una vida más o menos normal, amigas y vecinas del mismo edificio en el Berlín del otro lado del muro, una soltera y la otra divorciada y con un hijo, un camionero tosco y ligón que se interpone entre ambas, guiños a los problemas del capitalismo en la Alemania del Este, al alcoholismo y a los déficits sociales para las personas mayores y dependientes. Pero Verano en Berlín es, sobre todo, una historia sobre el desamor. Katrin, la vecina de abajo, un poco paranoica, que siente celos por Nike, la vecina de arriba, cuando ésta se lía con Ronald, el camionero. Nike, por su parte, se enamora de un tipo sin cerebro y con un montón de hijos repartidos por el país, que sólo sabe decir “no lo pillo” cuando ella intenta decir alguna frase con tintes intelectuales. Oskar, el hijo de Katrin, que tiene apenas diez o doce años y que se enamora de una niña tonta que, obviamente, acaba prefiriendo a otro chico. La camarera del bar de abajo, que también suspira por el camionero. Una historia nada especial en la que, sin embargo, todos podemos vernos como en un espejo.
(Nike) ¿Crees que el hecho de acostarte conmigo te da derecho a tratarme como un hijo de puta? (Ronald) No lo pillo.
Frases: la diferencia entre un buen y un mal guión, sobre todo en películas sobre la vida normal en la decadente Europa, está en saber mantener el equilibrio y no caer en la falsa intelectualidad. Fernando León, por ejemplo, metió la pata hasta el fondo en Princesas –incluso el título es una metedura de pata-, colándonos con calzador a putas y peluqueras como si fuesen personajes aristotélicos. Con Los lunes al sol también hizo algo parecido, pero con más gracia. En cambio, los diálogos de Verano en Berlín resultan mucho más creíbles, incluso asumiendo que el histriónico Ronald está saturado de tipismo. Y la música del francés Pascal Comelade, colaborando en la visión tragicómica de las miserias humanas más elementales, es todo un descubrimiento.
(Nike) La primera vez que me enamoré tenía 9 años. El chico tenía 14, e hizo que todos sus amigos se pintaran mi nombre en la polla. De color verde. Ahí empezó mi fama.
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