30.9.06

Nunca estuve allí

(Crónica no autorizada del Recital de Música sacra organizado por La Semana)

Dios no existe, pero a veces dan ganas de creer en él. Esa fue la sensación que me arrebató ayer durante la hora que estuve oyendo el recital de la Coral Regina Coeli en la Parroquia del Divino Salvador, y también durante el tiempo que transcurrió en el coche, Marisol y yo en silencio, camino de casa. Luego esa sensación se fue desvaneciendo poco a poco, sobre todo porque, compromisos mandan, un rato más tarde ya estaba en un acto carnavalesco organizado por la peña de Ibarburu, donde, por cierto, me encontré a un montón de gente que había hecho lo mismo que yo.
Oír música religiosa en una iglesia de un barrio pobre tiene su morbo. Primero, por el público, mayoritariamente de la zona, de edad avanzada, comprometido con el cura rojo que lo mismo da misa que se arremanga en la calle para intentar solucionar los problemas de su gente. Segundo, porque, sin quererlo, La Semana había organizado un acto para minorías en el mismo instante en que el ayuntamiento estaba celebrando la final del concurso de clarinete. Y tercero, porque uno no sabía si en cualquier momento iba a sonar un móvil, un aplauso fuera de lugar o algún que otro diálogo de sordos. Reconozco que el resultado fue digno de elogio.
Con un repertorio casi pop, la Coral Regina Coeli hizo lo que tenía que hacer y lo que se esperaba de ella: piezas breves, fáciles de oír, interpretación a la medida de sus posibilidades y un director que sabía cuándo tenía que volverse al público para indicarle que se podía aplaudir y cuándo darle la espalda para que todo el mundo siguiera callado. Y también, un final tipo single: el Aleluya de Haendel, pieza que hasta los niños conocen. Además de eso, La Semana cumplió con su parte, tanto con Cecilia (preciosa) haciendo la recepción oficial, como con la elección del lugar, como con la intervención de José Joaquín en el momento final. Se lo dije al final a José Luis: “me parece increíble que, tal y como está la cultura en Dos Hermanas, hayáis organizado esto y, encima, os haya salido estupendamente”.
Que se repita. Uno no está acostumbrado a estar cerca de Dios. Aunque sólo sea durante unos cuantos minutos. Aunque Dios, para el caso, esté personificado en seres divinos como Bach, Haendel o Kodaly.