Blue Monday (4)
Limbo es la primera canción que grabó Ian en solitario cuando se encontró con John Peel allá arriba. La segunda se llama Pluton Planet...
Todo el mundo veía a la sobrina de Román subiendo y bajando las escaleras del teatro, pero en realidad era el increíble hombre menguante de Twin Peaks quien controlaba a la gente. Por eso la butaca de la máxima autoridad estaba ocupada por Simon Jeffes y toda su corte de la Penguin Cafe Orchestra, en vez de por el alcalde y sus efectos colaterales. Y por eso, cuando la jefa de La Semana sacó a hablar a ese gran prohombre de la cultura local, todos estábamos viendo a Tom Waits soltando improperios por su megáfono o viceversa, porque no se sabe bien quién es el que ronca y quién hace de altavoz.
- Hay 290 personas –dijo la enchufada, haciendo el recuento de asistentes.
- Vaya, para esto no le ponen ceros detrás de la cifra, dijo el pinganillofono de cecifromtheblog.
- Es para mí un orgullo de que representar a este excelentísimo ayuntamiento..., iba desgranando el superdelegado.
- Hoist that raaaaaggg... fanfarroneaba el otro, por detrás.
- A uno de los dos le ha fallado el traductor del google, dijo Ian a Najwa.
Para la John Peel Session de Ian, Juliette Binoche había sacado de su armario toda la ropa de Los Amantes del Pont Neuf. Y Diana Gail fantaseaba con que el de la barba era Morrissey y estaba cantando I am the last of the famous international playboys. Y sus padres añoraban aquellos tiempos de la Edad de Oro en que coincidieron con el cocinero del Jaula, quien les preparó un desayuno a base de carne con tomate que, aseguraba, estaba hecha con el lomo del quinto beattle, cuando en realidad pertenecía al calvorota del primer disco de Radio Futura.
- Tengo la sensación de que aquí nos están dando gato por liebre, dijo el alcalde Simon Jeffes a mi gato, que se había dormido con el de que discurso y estaba soñando de que era Asrael y perseguía pitufos por todo el teatro.
- Abre los ojos, le susurró Najwa.
- ¿Y a mí no me van a dar ninguna placa?, dijo Penélope Cruise.
Al poco empezó a llover sobre el escenario. Esta es la lluvia del porvenir, pensó This Charming Man, y en ese momento vimos el destello de un trueno que convirtió el blue monday en un país multicolor donde el conjuro de este pueblo oscuro empezaba a florecer.
- También yo tengo una canción que se llama Blue Monday, dijo Lisa Germano, y Leonor Watling le pidió a Christina Rosenvinge que buscase la guitarra para que, entre las dos, pudieran cantarla.
Todos los que estaban en el público huyeron despavoridos, salvo los invitados de honor, que subieron al escenario y, en vez de gritar we are the world, we are the childrens, como le hubiera gustado a la sobrina enchufada del recuento, sucumbieron ante la belleza de aquella premonitoria tormenta tropical que parecía salida de El amor en los tiempos del cólera, e hicieron los coros y las palmas de La vida en la frontera: “la vida en la fronteeera no espera, es todo lo que debes saber”. And Ian se acordó de Ceremony, y no pudo refrenar sus lágrimas de contento.
- Está bien, yo maté a Laura Palmer, lo reconozco, confesó el cocinero del Jaula, abrazado a la grabadora del agente Cooper.
1 Comments:
ayer leí en uno de los periódicos gratuitos que gentilmente me dan cada mañana, que Tom Waits va a sacar un disco nuevo, nada menos que triple, con nuevas canciones y unos estilos tan diferentes que no tuve más remedio que rememorar sus aventuras en Blue Monday. Y, claro, su participación delirante en 'Coffee and Cigarrettes', junto a Iggy Pop. Una de las mejores conversaciones de la historia entre leyendas del rock... yo sólo doy ideas...
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