10.10.06

S. W.

Me meto a Scott Walker entre pecho y espalda, camino de la oficina. Aún es de noche, hoy me he caído de la cama y oyendo al viejo me vienen a la cabeza desnucada el grito de Munch y Joy Division vs. Roy Orbison, no sé bien por qué (o sí: esa voz, ese tenebrismo, esos golpes y sobresaltos...). También Ligeti, y ese sí que no sé por qué (o también sí...).
Jamás había oído a Scott Walker, pero ahora no puedo dejar de escuchar sus lamentos, su hemorragia de amor no compartido, el suicidio como solución visionaria. Menos mal que el inglés se me da fatal y que todo este vértigo es imaginario y me sobrevuela sin sentido.
O no.