9.11.06

Hagamos un trato

Prometo no manipular, no dar bajo cuerda, no usar el corrector ortográfico, no censurar conciencias ni pareceres, no vivir del cuento, no aprovechar la poltrona como púlpito, no practicar autopsias ni dejarme crecer amnesias. Prometo no tachar a los demás de malas hierbas por el simple hecho de no verlos en mi jardín, ni sembrar mis flores del mal a costa del barbecho del resto. Prometo combatir el hastío tanto o más que la prepotencia, la indiferencia igual que la mansedumbre, el dolor ajeno como el propio. Prometo tener bolsillos de cristal, abrir las ventanas y los cajones y los libros de contabilidad, encender la luz por las noches para que cualquiera pueda ver lo que ahora se esconde, descorrer las cortinas y levantar las alfombras.
Prometo no parar hasta que haya alguien dispuesto a tomar el relevo, y no cejar en el empeño de conseguir que ese relevo no sea uno, sino miles. Prometo no ser el déspota ilustrado ni el rojo bananero, ni el “detrás de mí, el caos”.
Prometo borrar los lugares comunes, las frases hechas, la vida loca de las mariscadas inmobiliarias, la cultura basura elevada a categoría de arte popular, los árboles genealógicos de despacho, los premios al baboseo y las prebendas a quienes lustran a diario las baldosas que pisas.
Prometo no ser como ellos, no sonreír como ellos, no jugar, no comprar, no vivir, no hablar ni mirar como ellos. Si estoy donde están ellos, si acabo donde están ellos y ellos donde estoy yo, prometo no hacer lo que ahora hacen ellos, ni siquiera con ellos, ni siquiera contra ellos, porque ellos y yo no tenemos nada en común.
Sé bien que no estoy solo, pero tú también sabes que no somos suficientes, que hace falta más gente, porque la tela de araña lleva colgada demasiados años y todavía sigue atrapando y devorando cuanto puede. Ellos, además, darán su vida en los meses que quedan para engordar aún más los hilos. Aún así tenemos tiempo por delante para romperla entre tod@s. Aunque sólo sea por una vez, confía en la política y haz todo lo posible para que ellos comprueben que mis promesas no son pura y simple retórica.
No pierdas tu tiempo cayendo en la frustración de creer que es imposible, porque eso es lo que ellos pretenden. Simplemente piensa cómo hacerlo, cuál es tu papel y en qué medida puedes acabar con toda esta ética de destrucción masiva. Te estoy hablando de una conjura frente a los necios, de una revolución silenciosa: vamos a partirnos la cara, incluso, sin que ellos se den cuenta.
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El futuro ya está aquí. Actuemos desde hoy. Que nadie se quede mirando. Este es el trato.