Síndrome polar
Y de repente llega el invierno, la ropa no se seca y pasas parte de tu tiempo anticipándote al tiempo: poniendo el calentador en el cuarto de baño media hora antes de ducharte, encendiendo el brasero nada más llegar a casa y así sentirte a gusto durante la cena, aprovechando el último descanso de House para conectar el aire acondicionado del dormitorio...
Y de repente llega el invierno, te sorprende el candor de las nuevas canciones de Luque pero tu oído no se resiste a recuperar los hielos de múm y sentirte como la luz de un faro en Islandia, y vuelves a pensar en el no viaje a Reikjavik, en la avioneta estrellada de Otto el piloto, en que la existencia va pasando como si saltaras de fiordo en fiordo, en que llevas 1.683.200.000.000 latidos cardiacos consumidos y aún no sabes si los créditos de la película llegarán o no antes de confesar que has vivido, amado, soportado y sufrido el síndrome del círculo polar.
Ni te preguntas si es la mejor época para jugar a inventarios o abrir cuadernos o hurgar en los sacos de esparto: en algún momento hay que dibujar la raya y recapitular. Y cuándo mejor que ahora, que de repente llega el invierno, la ropa no se seca y pasas parte de tu tiempo anticipándote al tiempo.
2 Comments:
no tengo palabras... vaya que no puedo verbalizar porque el año nuevo me ha dejado muda. A pesar de todo, están las palabras escritas como estas con las que tanto me identifico. Me reconozco en esas anticipaciones cotidianas y me reconozco también en el círculo polar. A veces creo que me anticipo demasiado, tanto que provoco cosas que no estaban escritas en la línea del destino o de lo que quiera que sea que nos guíe. Hasta en anticiparse, la pasión nos puede arrastrar y llevar demasiado lejos, tan lejos como los polares...
www.myspace.com/portonovo
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