Cortezas
Es cierto: a veces parecemos personajes hieráticos. Nos cuesta dejar abiertas esas grietas que todos tenemos, que fluyan hacia el exterior, porque las emociones más puras son como el azúcar; porque cuando caen, desprevenidas, se extienden por todos los lados. No somos, o al menos yo no, como el tipo del anuncio que regala abrazos, y si alguna vez se abre la espita, suele ser succionada y provocar derrames interiores.
Porque aquí dentro, eso sí, las paredes están hechas de hormas de zapato, de muchos zapatos de muchos colores y materiales, pero del mismo gas. Y tenemos excusas: la educación, el savoir faire, el espacio vital, la compostura... prejuicios, claro, mayores cuanto más cerca de la piel ajena.
Digo todo esto porque el último desgarro de mi entraña se llama Trentemoller y no encuentro la manera de conseguir que te enteres y lo sepas. Porque soy como esos árboles nórdicos en medio de una niebla: vida dentro de la corteza, soberbia apasionada en el bosque vacío.

1 Comments:
que difícil es hacerte entender detrás del muro que nos creamos, cuando quieres que los demás vean cosas y no eres capaz (o no son capaces) y creo que he vivido esa sensación más veces de las que me hubiera gustado...
y lo más triste de todo, cuántas cosas te puedes dejar en el camino, cuantas te puedes perder por no mirar al otro lado del muro de vez en cuando
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