8.1.07

Mientras tanto

Vale: párate si quieres, pero que sepas que si te paras, pierdes. Cerrar y reflexionar es tan inútil como emborracharse para olvidar, porque no reflexionas ni olvidas, sólo agrandas el agujero, como en esa canción de Dead Cab For Cutie donde el orificio del suelo empieza del tamaño de una crisálida y acaba devorando la habitación. Haz lo que quieras, date chocazos contra la pared, grita en el desierto o enciérrate en el cuarto de baño y gasta el rollo de papel higiénico enjugando tus lágrimas, suicídate lentamente, escupe a la imagen del espejo, haz todo lo que quieras para comprobar que eres lo peor. ¿Y luego? Nadie te dijo que esto era fácil, siempre lo has sabido, así que no me vengas con esas de que vas a salirte para hacer uso de esa frase hecha que dice que desde la reclusión se piensa mejor. Repítetela mil veces y mil veces te estarás engañando.
Miéntete, comete esa estupidez, también tú tienes derecho a perder el tiempo y a reconocer, cuando hayas salido, que vaya manera de perder el tiempo, que vaya forma de no echarle narices. No pasas hambre. No tienes cáncer. Puedes tomarte una copa de vez en cuando, escuchar música, beber agua... aún así, jódete todo lo que puedas (sí, sí, es un topicazo, pero anda que lo tuyo...).
Mientras tanto, aquí estoy. No soy la alegría de la huerta, ni tampoco, tal vez, el pañuelo más apropiado. Pero poseo, a tu servicio, las orejas más grandes que jamás puedan imaginarse. Ahora, además, las tengo rebajadas.