22.1.07

Pretérito imperfecto

Cuando me vinieron encima los 40 pensé en hacer algo así como unas memorias. Sabía que era una idea descabellada, porque no está la cosa como para ponerse a escribir en plan Vilallonga y porque, en el fondo, tampoco mi vida ha sido precisamente la de Marco Polo. Asi que, más modestamente, he empezado a esbozar esto.

19.1.07

Subidón

El estribillo “Por amor al comercio voy a cruzar ese puente / Por amor al comercio voy a cuidar de ese dolor” que cantaban los Esclarecidos cuando un servidor estudiaba en la facultad, es uno de los más enigmáticos de la historia del pop español. Yo siempre le he dado una interpretación muy personal, y creo que ahora, cuando las dificultades son todas y reponerse a ellas requiere algo más que buenas intenciones y un regado permanente de ilusión para exportar, aún más. Sobre todo en esos momentos en que no te das cuenta y de repente hay alguna chorradita que te pilla con la guardia bajada, como hoy mismo, cuando un par de frases dichas en una conversación más o menos banal me han dejado como si hubiese metido los pies en un charco.
Por eso, a pesar de que llevo siempre en mi botiquín de primeros auxilios un telón de acero que me protege la epidermis del resto del cuerpo, masa encefálica incluida, cualquier fisura nacida de un mínimo renuncio tiene que ser tratada con terapia de choque. Por ejemplo, haciendo uso de aquella otra canción infantiloide que decía “haz ruido hasta que se rompan los oídos”. Así que, sumando una y otra canción, y con la necesidad de que ese pequeño arañazo psicológico que me he llevado esta mañana se reponga antes de llegar hasta aquí para reunirme con la gente del partido, me he puesto a toda caña Sweetest Perfection de Depeche Mode y me he quedado como nuevo.
El disco de la semana: The Blow, Paper television. (Aquí puedes ver cómo hicieron el disco).

8.1.07

Mientras tanto

Vale: párate si quieres, pero que sepas que si te paras, pierdes. Cerrar y reflexionar es tan inútil como emborracharse para olvidar, porque no reflexionas ni olvidas, sólo agrandas el agujero, como en esa canción de Dead Cab For Cutie donde el orificio del suelo empieza del tamaño de una crisálida y acaba devorando la habitación. Haz lo que quieras, date chocazos contra la pared, grita en el desierto o enciérrate en el cuarto de baño y gasta el rollo de papel higiénico enjugando tus lágrimas, suicídate lentamente, escupe a la imagen del espejo, haz todo lo que quieras para comprobar que eres lo peor. ¿Y luego? Nadie te dijo que esto era fácil, siempre lo has sabido, así que no me vengas con esas de que vas a salirte para hacer uso de esa frase hecha que dice que desde la reclusión se piensa mejor. Repítetela mil veces y mil veces te estarás engañando.
Miéntete, comete esa estupidez, también tú tienes derecho a perder el tiempo y a reconocer, cuando hayas salido, que vaya manera de perder el tiempo, que vaya forma de no echarle narices. No pasas hambre. No tienes cáncer. Puedes tomarte una copa de vez en cuando, escuchar música, beber agua... aún así, jódete todo lo que puedas (sí, sí, es un topicazo, pero anda que lo tuyo...).
Mientras tanto, aquí estoy. No soy la alegría de la huerta, ni tampoco, tal vez, el pañuelo más apropiado. Pero poseo, a tu servicio, las orejas más grandes que jamás puedan imaginarse. Ahora, además, las tengo rebajadas.

5.1.07

D

Me imagino el día. Una chica con patines irá dándole vueltas a la plaza escuchando en su ipod Last night i dreamt that somebody loved me, yo la veré desde la ventana, con los ojos cargados por el sueño y el cansancio, comiéndome uno de los bocadillos que sobraron durante la jornada. En mi cabeza aparecerán, como en una película de súper 8, un montón de retazos de ese día y de días anteriores: el momento en que me levanto y elijo la ropa que ponerme, el momento en que voy a votar, el momento en que visito los colegios electorales y saludo a los interventores, los nuestros y los de los demás, el momento en que llega la hora del café y pongo las piernas encima de una silla, el momento en que cierran las urnas y empiezan a llamarnos con los resultados...
Me imagino en casa, preparándome para volver a la sede y concentrarme en lo que está a punto de llegar, pensando en alternativas según los votos que hayamos obtenido y obtenido el resto, intentando no caer en tópicos ni típicos comentarios a la prensa, esa prensa a la que tanto he aprendido a amar en persona. Me imagino haciendo mi propio recuento interior, poniendo todo lo que soy capaz de poner cuando baje las escaleras y me encuentre a mi gente viendo los televisores, apurando la noche y las últimas latas de cerveza. Me imagino acostándome, mareado, aturdido, tal vez feliz, tal vez no, pero sin lograr dormir, pensando en que tengo que volver a ser yo, sabiendo que nunca he dejado de serlo.
Este es el año de las sensaciones pop. Espero veros allí.