30.10.06
- Pues a mí eso del internet me parece una chorrada. Donde esté un buen par de pistolas... dijo Tom Waits a su megáfono.
- Pues anda que eso de pasar de la última hora de la noche del bluemonday anterior a la primera del día, hoy... no resulta nada creíble, dijo el megáfono a Tom Waits.
- Claro, bonito, ¿y que un megáfono hable solo sí te parece normal?, dijo Juliette Binoche, mientras repartía tazas de chocolate a todos los presentes, que se arremolinaban en torno a this charming man. Éste se afanaba por intentar escribir algo en su ordenador, pero la inspiración no le llegaba...
- Y dime una cosa, preguntó Christina Rosenvinge a Leonor Watling, ¿de verdad te has negado a hacer el programa si no viene Tom York para que lo entrevistes?
- Ésta, como sabe que no va a poder hacerlo mejor que yo, se ha buscado esa excusa... le susurró al oído su marido.
- Abre los ojos... dijo Penélope Cruise.
- Joder, P, que sólo son las dos de la madrugada... dijo el enano de Twin Peaks.
- Jo, es que para una vez que me adelanto a la otra...
- ¡Callad, callad, que parece que va a escribir algo! dijo mi gato.
Efectivamente, en ese momento this charming man puso los dedos sobre el teclado y, tras titubear un poco, puso “Blue Monday (5)”, pero luego paró y volvió a su posición meditabunda.
- Pues anda que lleva aquí cuatro horas para eso... en ese tiempo yo ya habría terminado un capítulo de mi nueva novela ¿no os he hablado de ella? Pues resulta que es una lesbiana que... dijo la del murciélago.
- Para, tú, o te meto dos tiros, amenazó Tom. Lo mejor será que empieces escribiendo sobre mi “participación delirante en 'Coffee and Cigarrettes', junto a Iggy Pop”, ¿no te parece?
- Míralo, señaló la Watling a la Nimri, a ver si se cree que aquí puede entrar cualquier cosa. Vamos, sólo nos faltaba eso...
- Ja, ja, sí, rió a ronquido tendido Najwa. Eso, y alguna sugerencia del pantojita.
- ¿Alguien ha visto a Diana Gail? maulló mi gato.
- Pues no, hace tiempo que se fue con Ian, dijeron al unísono (para variar) sus breakfastfathers.
- Huy huy, aquí huele a síndrome de estocolmo...
- Jo, esto es el colmo, no sé cómo puedes escribir nada con tanto ruido, dijo Juliette Binoche, celosa porque se había vestido de Herida para la ocasión.
27.10.06
Ilusos
Ayer por la mañana salió el arco iris muy cerca de mi oficina. Haciendo el cálculo, más o menos parecía partir del puente del Centenario y acabar en una finca cercana, donde suele haber caballos al amanecer. Tenía su reflejo óptico en otro algo más difuminado, de esos que se quedan a medias, sin principio ni final, on the road, tal vez desprendido de su hermano mayor. Éste se veía perfectamente, casi se distinguían los trazos de cada uno de sus colores, como si alguien los hubiese dibujado y puesto ahí, delante de un fondo de nubes rasgadas, grises y blancas. Mi jefe y yo nos quedamos un rato en la puerta, mirando la cosa como si pudiéramos coger el coche y plantarnos debajo de una de sus patas en un par de minutos. Fue un momento extraño, porque sabíamos que eso era imposible, que el arco iris siempre iría avanzando y nunca lo alcanzaríamos o, tal vez, cuando estuviésemos a punto, desaparecería. Es algo parecido a creer en ciertas utopías, pensé.
Sin embargo, por la noche, camino de Los Palacios, la luna se abría paso entre las nubes como una tajada de melón brillante, igual si el arco iris de la mañana hubiese alcanzado la plenitud en medio de la oscuridad. Entonces me di cuenta de que tal vez nunca alcance la utopía plena, pero que sólo persiguiéndola con todas tus fuerzas podrás logran muchos de esos sueños que tienes y que otros, por creerlos imposibles, ni siquiera hacen el intento.
23.10.06
Blue Monday (4)
Limbo es la primera canción que grabó Ian en solitario cuando se encontró con John Peel allá arriba. La segunda se llama Pluton Planet...
Todo el mundo veía a la sobrina de Román subiendo y bajando las escaleras del teatro, pero en realidad era el increíble hombre menguante de Twin Peaks quien controlaba a la gente. Por eso la butaca de la máxima autoridad estaba ocupada por Simon Jeffes y toda su corte de la Penguin Cafe Orchestra, en vez de por el alcalde y sus efectos colaterales. Y por eso, cuando la jefa de La Semana sacó a hablar a ese gran prohombre de la cultura local, todos estábamos viendo a Tom Waits soltando improperios por su megáfono o viceversa, porque no se sabe bien quién es el que ronca y quién hace de altavoz.
- Hay 290 personas –dijo la enchufada, haciendo el recuento de asistentes.
- Vaya, para esto no le ponen ceros detrás de la cifra, dijo el pinganillofono de cecifromtheblog.
- Es para mí un orgullo de que representar a este excelentísimo ayuntamiento..., iba desgranando el superdelegado.
- Hoist that raaaaaggg... fanfarroneaba el otro, por detrás.
- A uno de los dos le ha fallado el traductor del google, dijo Ian a Najwa.
Para la John Peel Session de Ian, Juliette Binoche había sacado de su armario toda la ropa de Los Amantes del Pont Neuf. Y Diana Gail fantaseaba con que el de la barba era Morrissey y estaba cantando I am the last of the famous international playboys. Y sus padres añoraban aquellos tiempos de la Edad de Oro en que coincidieron con el cocinero del Jaula, quien les preparó un desayuno a base de carne con tomate que, aseguraba, estaba hecha con el lomo del quinto beattle, cuando en realidad pertenecía al calvorota del primer disco de Radio Futura.
- Tengo la sensación de que aquí nos están dando gato por liebre, dijo el alcalde Simon Jeffes a mi gato, que se había dormido con el de que discurso y estaba soñando de que era Asrael y perseguía pitufos por todo el teatro.
- Abre los ojos, le susurró Najwa.
- ¿Y a mí no me van a dar ninguna placa?, dijo Penélope Cruise.
Al poco empezó a llover sobre el escenario. Esta es la lluvia del porvenir, pensó This Charming Man, y en ese momento vimos el destello de un trueno que convirtió el blue monday en un país multicolor donde el conjuro de este pueblo oscuro empezaba a florecer.
- También yo tengo una canción que se llama Blue Monday, dijo Lisa Germano, y Leonor Watling le pidió a Christina Rosenvinge que buscase la guitarra para que, entre las dos, pudieran cantarla.
Todos los que estaban en el público huyeron despavoridos, salvo los invitados de honor, que subieron al escenario y, en vez de gritar we are the world, we are the childrens, como le hubiera gustado a la sobrina enchufada del recuento, sucumbieron ante la belleza de aquella premonitoria tormenta tropical que parecía salida de El amor en los tiempos del cólera, e hicieron los coros y las palmas de La vida en la frontera: “la vida en la fronteeera no espera, es todo lo que debes saber”. And Ian se acordó de Ceremony, y no pudo refrenar sus lágrimas de contento.
- Está bien, yo maté a Laura Palmer, lo reconozco, confesó el cocinero del Jaula, abrazado a la grabadora del agente Cooper.
22.10.06
Ropa mojada
Que me sienta incómodo en un lugar donde tienes que ir bien vestido y la gente te tiene que ver, no es nada extraño. Que no esté acostumbrado ni me gusten estas cosas es normal. Que te hagan propuestas deshonestas y que sepas que detrás de ellas hay aún más falta de honestidad, es habitual. Que veas caras raras y miradas de reojo y charlas que sueltan chispas, también. Que tengas ganas de que se vaya la gente con la que no quieres estar y se quede la gente con quien te gustaría compartir un momento especial, como el del jueves pasado, es algo que difícilmente llega a ocurrir. Pero ninguna de esas cuestiones te afectan cuando has disfrutado del motivo que te ha llevado allí, cuando has visto que algunos se han tenido que joder porque confiaban en que aquello fuera un fiasco y se han topado con un espectáculo mucho mejor montado y presentado que los montados y presentados por sus enchufados de rigor, que el único que la ha cagado es el que se supone que tenía que improvisar unas palabras y acaba sacando el folio y leyendo torpemente unas frases que ni él mismo se creía.
Resumiendo, que no encuentro mejor forma de explicarlo que haciendo uso del título de una canción de mis adorados Astrud: Todo nos parece una mierda menos lo vuestro. Pues eso.
18.10.06
Luna Park
Nada más llegar a la oficina hago como mucha gente: visitar los blogs, el correo y las webs de noticias. Hoy me dejan un sabor agridulce: algunos guiños de humanidad desbordante y otras muchas indignidades de quienes hacen política escaparatista y alimentan el monstruo de la desvergüenza... es cierto, el político miente para ocultar la verdad. Y me tengo que repetir una y mil veces que yo no soy como ellos, que no es ese mi saco, y me conjuro en el empeño de partirme los cuernos por tal de acabar con esa mafia.
Luego viene mi jefe (no el de todos los días, sino el que está por encima) con su polo rosa de Lacoste y con un administrativo adosado que aspira a comprarse un X5, que al parecer es un modelo de BMW. Miro por la ventana y veo que la mayoría de los albañiles tienen cochazos y todo terrenos, y me pongo a pensar en los utilitarios de 6 millones que pasean la mayoría de mis compañeros de profesión en la empresa, con el mismo sueldo que yo e incluso con hijos que cuidar, y me echo la mano a la cabeza y me pregunto si es que estoy loco o es que el mundo está loco o, como dijo ayer House, por qué los demás tienen que convencerme de que me equivoco si son ellos los que no tienen razón.
En fin, que ahora es mediodía-sobremesa y por fin he hecho caso a Carlos y he dejado de comer cualquier cosa y me he concienciado de que debo comer sano para aguantar el tipo como candidato. Y de camino al trabajo, con el último regusto de verdura aún en mi garganta, me ha dado por pensar que, aunque mi inglés es pésimo, en ocasiones me gustaría que fuese aún peor para no entender frases como la de esta canción de Pet Shop Boys.
Every night we go
to the latest horror show
and hear the screams
in Luna dreams
Fortune-tellers muse
on palms that bode bad news
The future's darkin Luna Park
to the latest horror show
and hear the screams
in Luna dreams
Fortune-tellers muse
on palms that bode bad news
The future's darkin Luna Park
17.10.06
Bigmouth strikes again
Pinocho Morón va diciendo por ahí que tienen datos y que me voy a quedar solito como rojeras de la oposición. No es que me dé la risa, que me la da, sino que además me ha pillado en un momento en que el cansancio-síndrome-posvacacional ha desaparecido por completo y empiezo a ver las cosas de otra forma mucho más positiva. Ya sé que esto no deja de ser sólo una percepción personal, pero eso no quita ni da razones (sospecho que esta frase la he dicho y la diré muchas veces).
Alguien que sabe de estas cosas me dijo hace poco que es un buen síntoma, con todo lo que queda por delante, que haya gente por ahí tarareando No me respondes y que haya gente que cuando ve en el Diario de Sevilla nuestra foto dice “coño, este es el candidato del experpento” (tal vez lo diga con “s”) y que haya otra gente enfadada porque no pueden ponerle mala cara a los que sacan cosas en la prensa provincial y que encima haya gente de la prensa local que no se venda a nadie y que haya gente joven que está diciendo eso de que habrá que cambiar de voto y que haya también gente que me escriba para anunciarme que se va a sumar a ese cambio... en fin, tal vez ocurra con todo esto como con la canción de Moustaki (Nous sommes deux, nous sommes trois...), pero no deja de ser un punto que esto haya empezado todavía a tiempo para ponerlos nerviosos y tener que echar mano de esas malas artes de comadreja que tan dignamente está representando ese gran hombre que se escribe las preguntas y las respuestas para dos páginas en el balufforsale y que encima pone cara de errolflyn en las fotos.
Como dijo el soldado de Hanna Arendt, cuando le preguntaron “¿cómo es que tú solo han conseguido atrapar a 70 soldados del bando enemigo y hacerlos prisioneros?” y él respondió “muy sencillo, los tenía rodeados”. Pues eso.
P. D.: Y por cierto, ¿alguien se ha parado a pensar de dónde van a salir los más de 15 euros por persona que nos va a costar la roncha del arquitecto municipal, si sale condenado y el ayuntamiento tiene que soltar los 2 millones por responsable civil subsidiario?
16.10.06
Blue Monday (3)
- Que Diane se haya pasado toda la película creyéndose que hacía también el papel de Gail es cosa suya, no nuestra, dijeron al unísono sus padres. Ya le advertimos que dejase las drogas y que bailar música de Damon Albarn tendría consecuencias esquizofrénicas...
- Dejadla. Christina lleva años creyéndose Nico y tampoco le ha ido tan mal, dijo Ray Loriga.
Estaban en el parque de abajo, aprovechando el sol primaveral del otoño. Juliette Binoche se había puesto el vestido floreado de Alice et Martin para entretener a mi gato y al megáfono en los balancines. Penélope Cruise, sentada en un banco con su culo postizo de Volver, vigilaba de reojo (o de reoído) el diálogo de Najwa con Ian, mientras Tom Waits no paraba de cantarle Hoist That Rag a su entrepierna (después del gatillazo con Diana Gail) y el enano de Twin Peaks escribía una carta a su primo, el de la Orquesta Mondragón.
- ¿Escuálido se escribe con o sin acento? dijo el hombrecillo.
- ¿No le estarás hablando a tu primo de mí, no? preguntó Ray, aún molesto por algunas respuestas de su mujer en el programa de la otra noche.
- Yo sólo sé que “murciélago” es la única palabra del diccionario en lengua castellana que tiene todas las vocales, dijo Lucía Etxebarría, intentando colarse por el blue monday como fuera o fuese.
- Qué mañana tan apacible... seguro que llega alguien y la jode, dijo Ian Curtis a Najwa Nimri.
- Sí, hay una atmósfera muy particular, respondió ella, guiñándole un ojo al chico pálido de Manchester.
- ¿Sabes? no dejo de pensar en qué hubiera suicidado si no me hubiera sucedido...
- Querrás decir al revés/vesre.
- Bueno, sí, es que esto de usar el traductor del google no siempre va bien...
La Nimri empezó a jugar con su pelo largo de Walkabout, pensando que si Christina Rosenvinge se hubiera suicidado a la misma edad que el de Joy Division, ahora sería recordada por el hago chas y aparezco a tu lado.
- Míralo de este modo, dijo ella al fin, si no te hubieras ido al otro mundo, this charming man no tendría ahora a Blue Monday como referente de la música de los ochenta.
- Eso sí.
- Y además, tú tuviste suerte. Tu mujer no te vendió como la Yoko Ono...
- Desde luego. O como la del tipo ese del grunge, ¿cómo se llamaba?
- Ja, ja... rió Najwa. Por ahí arriba os enteráis de todo.
Mírala, ligándose a todo el que se pone por delante, pensó Penélope Cruise, mordiéndose los labios. Otra necrofílica, como el Morrissey.
- Hoist that Raaag... rugió Waits, sin éxito.
15.10.06
El hombre que soñó con ser Groenlandia
Un día como hoy, en el que hasta el emule parece sufrir la espantá de la romería, abro el periódico y leo la entrevista que me hizo José Mª de la Hera para Diario de Sevilla, embadurnado por la gravedad cero de la voz de Sophie Michalitsianos (Sol Seppy, “The Beells of 1 2”). En el Baker Street estoy solo y la única velocidad pervive en las motos de la televisión y en el retruécano del anuncio de Alcocer que ha aparecido esta semana en los periódicos locales. En la sede me acompañan Christina Rosenvige y la Christine que abre el disco de The House Of Love. Y Marisol me recuerda que tal vez eso de mezclar los experpentos con los alcaldables no es una buena idea ética. Y mis amigos bromean con que no saben si fue primero el huevo del político que aprovecha para vender sus canciones o la gallina del músico que barre para su candidatura. Y, para mayor inri, meto el dedo en el ojo del huracán con la cosa esa de ser el nuevo morillas de la coyuntura local.
Un día como hoy, en el que uno piensa que a lo mejor teníamos que haber convocado una quedada de todas y todos los avalmistas/avalmeros para meterle fuego a todos los clichés de esta ciudad puritana y cainita, reconciliado conmigo mismo por sentirme nada y único y parte de la vida de los demás, que a su vez son mi parte y todo aquello que creo único y que nunca podré describir con un teclado donde faltan signos y sobran esas ganas de vivir y amar que nunca están de más. Y los ligaitos del Soberao de la noche pasada se entremeten en los pliegues de mi cerebro y adormecen mis sentidos y enternecen mis sensibilidades, igual que azúcar derramada.
Y no sé si soy más humano por ser tan simple o más simple por ser un simple humano, cuando el secreto de ambos conceptos tal vez esté en la simpleza de no pensar y sólo ser y respirar en el mundo y flotar en él como un iceberg.
12.10.06
12/10/1969
Tal día como hoy, hace treinta y siete años, yo corría por el patio de la casa cuartel que ahora es un agujero en fase de cimentación para construir viviendas municipales. Era el día de la patrona, como se dice en el mundo de la benemérita, y guardo aquel 12 de octubre de 1969 entre un puñado de mis primeros recuerdos vitales, junto a algunas noches jugando a chocar platillos de cerveza o al escondite en las cuadras donde torturaban a mis camaradas de ahora. Recuerdo a las madres con bandejas cargadas de pollos fritos y ensaladilla rusa, a los niños y niñas vestidas de fiesta, a los guardias civiles con uniformes de gala y tricornios bordados de verde y oro. El azar ha querido que el restaurante donde hoy hemos celebrado los 81 años de mi padre estuviese regentado por una de aquellas “hijas del cuerpo” que seguramente corretearon conmigo entonces, aunque yo no la haya reconocido ni puesto su cara infantil en mi memoria, aunque yo no añore como ella aquellos años, tal vez porque, a pesar de que fui un niño feliz, no puedo evitar que me duela en mis propios recuerdos el pasado de los demás.
11.10.06
Orgullo y prejuicio
Anoche, en la Cadena Ser, un tertuliano de esos que saben de todo o por lo menos tienen opinión de todo, preguntó qué haría Bono si fuese alcalde de Madrid con la ayuda de “los comunistas”. No dijo Izquierda Unida, que es la que se presenta a las elecciones y que acoge a socialistas, comunistas, ecologistas y gentes de diferentes culturas, todas de izquierdas, pero no todas del PCE. O sea, que lo de “comunistas” iba con mala leche, una especie de insulto que ya utilizaba Felipe González cada vez que pretendía lanzar sobre nosotros las piedras del muro de Berlín. También Toscano lo ha usado alguna vez, en algún pleno, para rebajar a Carlos por su condición de rojo: “Usted debería ser consciente de su soledad comunista”, le dijo, a lo que mi amigo respondió “comunista, sí, y a mucha honra”, como es evidente.
Utilizar el término comunista en plan humillación es tan malo como usarlo igual que si fuese una marca. Hay camaradas míos (pónganse todas las comillas precisas a estas dos palabras) que llevan la camiseta de Stalin, vestido de gala militar, y que se sienten orgullosos si los llamas stalinistas. Suelen ser jóvenes, de esos que cuando maduran acaban en el PSOE (hay cientos de ejemplos sobre eso), que es un partido stalinista “de método”, que elige a sus candidatos a dedo, como está hablándose ahora de Bono, sin elecciones en asambleas ni consultas a las bases.
Ser comunista equivale a creer en la emancipación de las mujeres y los hombres, en que sean capaces de decidir unidos sobre el destino de la humanidad, en propiciar la supremacía de lo colectivo, lo igual, lo solidario, lo libre. Cualquier régimen que se ha etiquetado hasta ahora como comunista ha fallado siempre en alguno de estos objetivos, pero eso no convierte a la idea en un error, sino sólo a las personas que las han llevado a cabo.
Por eso los crímenes que se han cometido y se cometen en nombre del comunismo no son míos. Los criminales que matan y torturan en nombre del comunismo no son comunistas, ni mucho menos mis camaradas. Los regímenes totalitarios de ayer y hoy no son comunistas, por mucho que estuviesen sus siglas al frente de los gobiernos. Yo soy comunista, ellos no. Los vietnamitas de la bomba atómica no son comunistas, yo sí. Y creo que lo mismo deberían decir quienes se sienten partidarios del capitalismo (aunque éste, por definición lógica, nada tiene que ver con los valores humanistas que yo defiendo) y no se sienten representados por los mayores stalinistas capitalistas del mundo, Bush o Putin, que son capaces de usar el término democracia y quedarse tan panchos. La reciente muerte de la periodista rusa Anna Politkóvskaya, feroz crítica de las atrocidades del gobierno de Moscú en Chechenia, o la de José Couso y Julio Anguita Parrado en Irak, son muestras de que el fascismo y el stalinismo son uno y no necesitan más adjetivos.
10.10.06
S. W.
Me meto a Scott Walker entre pecho y espalda, camino de la oficina. Aún es de noche, hoy me he caído de la cama y oyendo al viejo me vienen a la cabeza desnucada el grito de Munch y Joy Division vs. Roy Orbison, no sé bien por qué (o sí: esa voz, ese tenebrismo, esos golpes y sobresaltos...). También Ligeti, y ese sí que no sé por qué (o también sí...).
Jamás había oído a Scott Walker, pero ahora no puedo dejar de escuchar sus lamentos, su hemorragia de amor no compartido, el suicidio como solución visionaria. Menos mal que el inglés se me da fatal y que todo este vértigo es imaginario y me sobrevuela sin sentido.
O no.
9.10.06
Blue Monday (2)
Juliette Binoche decidió ponerse el cuerpo de jamona que lució en Caché para fregar los platos. El enano de Twin Peaks, montado en el típico taburete de cocina, los fue secando y colocando en su sitio, mientras le iba dando conversación a my french kiss acerca de la cantidad de helados de chocolate que se zampaba David Lynch a diario.
- Yo le cogí manía al chocolate desde que hice aquella película con el pirata, dijo ella.
- No menciones el chocolate, que vas a despertar a Tom Waits, dijo el hombrecillo.
Mientras tanto, mi gato había encontrado el megáfono debajo de la cama donde dormía placidamente Gail, que soñaba con ser mayor de edad y largarse de Trainspotting a otra movie donde sus padres no estuvieran siempre desayunando con canciones de New Order. Pero para sueños ridículos, el del megáfono creyéndose ser la grabadora del agente Cooper, pensó mi gato en el preciso instante en que Najwa Ninri salió del cuarto de baño tal como vino al mundo.
- Esta siempre igual, joder, se quejó Penélope Cruz, que acababa de desembarcar en la casa para despertarme y que, una vez más, comprobó que había vuelto a llegar más tarde que la chica de la voz rasgada.
- Y qué culpa tendrá ella, si tu amo prefiere a la otra como despertador antes que a la novia del enano de Twin Peaks, se preguntó el megáfono.
- Que no te enteras, que el Cruise nunca ha trabajado para David Lynch, maulló mi gato, con tan mala fortuna que sus palabras sonaron en todo el edificio, porque el megáfono había olvidado desconectarse después de hablar.
- Buena la has liado, seguro que Tom se ha despertado.
- ¿Tom Cruise? preguntó Gail, que abrió los ojos de sopetón. ¿Dónde?
- Mira la otra, dijo el megáfono.
Efectivamente, Tom Waits apareció inmediatamente por el dormitorio, vio a Gail medio desnuda sobre la cama y a su megáfono agazapado detrás de mi gato.
- ¡Oye, que soy menor de edad! dijo la chica nada más leer los ojos lascivos del viejo strangecrooner.
- Mejor, dijo Waits, así el delito es aún más grave...
8.10.06
A horcajadas
Es curioso eso de levantarse un domingo con ganas de escuchar a Matmos y querer ver Las partículas elementales. Tener mono de eclecticismo después de una noche de palabras y gestos más o menos reafirmantes no deja de ser un síntoma de algo, no sé bien qué, pero algo. Y querer ver cine basado en uno de los más chirriantes tratados de antiética de Houellebecq, ni hablamos.
Veo los títulos del disco The rose has teeth in the mouth of a beast, (robado de una de las investigaciones filosóficas de Wittgenstein y que, si no me equivoco, significa algo así como “la rosa tiene en la boca dientes de una bestia”), leo que el común denominador de todos ellos es que están dedicados a artistas homosexuales (el propio Wittgenstein, W. S. Burroughs, Patricia Highsmith...), que, junto a temas de apariencia pretenciosa y con tintes que van de la música clásica al Kronos Quartet o del funk al noise, hay palabras al estilo Laurie Anderson o sonidos de útero de vaca (sic), en fin... ¿qué pasó la noche del domingo para que no sea capaz de parar mi iTunes y me sienta como un lobo solitario en Beaubourg?
Me quedo con una frase de Antonio: “perdonad, pero es que yo soy muy radical”. Me lo ha dicho en las dos ocasiones en que hemos hablado, una en la boda y otra en Wasabi. En ambos casos se refería a su concepción de la música, cosa que se agradece, porque uno está demasiado acostumbrado a oír a personas que confunden lo radical con lo ignorante (nuestra ciudad es paradigma de ello) y, al menos en su caso, tiene más relación con el cuestionamiento de todo, incluso de la mitología particular de cada cual (la frase de anoche enganchaba con mi adoración por Christina Rosenvinge), algo a lo que yo suelo recurrir mucho cuando hablo de mí mismo y bromeo sobre mis propios mitos (aunque en ocasiones no se note: ayer dije “sólo en Francia le pueden publicar a uno un libro” y me estaba burlando de mi carácter de afrancesado).
Coser los sonidos concretos de Matmos con Las partículas elementales de Houellebeqc, está claro, tiene un sentido en el propio hecho de moverse al filo de la navaja. Si te caes para un lado, acabas convirtiéndote en un cliché de la moralidad / de la música. Es entonces cuando un comunista, por ejemplo, se deja crecer los bigotes de Stalin y termina por justificar lo injustificable, desde las penas de muerte de Fidel Castro hasta las patochadas de Hugo Chavez. También vale para la música (no voy a poner ejemplos, pero pongamos que el mesianismo de U2 daría el pego). Y si te caes para el otro lado, lo mismo te vuelves tan raro que tú mismo eres un pastiche despatarrado, te conviertes en la contradicción pura y dura (y te permites la cara dura de presumir de ello) y terminas como uno de esos pintores modernos que dan dos brochazos primero y luego le buscan el significado a la obra. Por eso lo interesante, como dijo Kieslowski de la búsqueda, es estar justo en el filo de la navaja, correr el riesgo de cortarse las plantas de los pies y, sobre todo, no tener miedo a poner en tela de juicio tus afirmaciones y tus miedos, ser correctamente político (no al revés) y dejar, de una vez por todas, de pensar que todo en la vida es blanco o negro.
Dicho lo cual, acaba el disco de Matmos y me pregunto, contrariado, qué es lo que he que querido contar aquí exactamente. Tal vez esta noche, después de ver la película, encuentre la solución. Mientras tanto... Lisa Germano me susurra al oído que el mundo del quizás (In the maybe world) es que quizás te parta un rayo al salir a la calle o que un cáncer terminal no termine contigo. La tarde de domingo a horcajadas tiene estas cosas.
7.10.06
6.10.06
Benito
Era tratante de burros, allá por los años 30. Vivía en una choza de Morón, y solía llevar siempre una vara con la que azuzaba a los animales para encauzarlos por los caminos. Después de la guerra civil se mudó a una calle anexa a los cuarteles de caballería y artillería que están junto a la actual SE-30, desde donde enfilaba a sus burros para venderlos en Sevilla. En cierta ocasión, tuvo la mala suerte de darse con la vara en un ojo.
El ojo de Benito no se cerró, ni se lo quitó médico alguno... simplemente se le quedó seco como un pedazo de esparto. Cuando nació mi amigo Paco, a su padre, que también se llamaba Paco, apenas le quedaron nombres en su lista: ya había tenido un montón de hijos, todos con los nombres de sus progenitores, sus abuelos maternos y paternos y sus tíos. El día que se plantó delante del cura y éste le dijo que pensara en algún nombre de algún familiar a la hora de registrar al nuevo retoño, sólo le quedaba uno: Benito, el nombre de su hermano, el del ojo seco.
- Le pondré Francisco.
- Pero si ya tienes una hija que se llama Francisca.
- Me da igual, le pongo Francisco antes que Benito. Benito da mal fario.
Benito murió años más tarde, pero su recuerdo queda en uno de los más populares dichos sevillanos. Y su heredero, mi amigo Paco, sin pedir derechos de autor...
4.10.06
3.10.06
Confesionario
Hay por ahí una encuesta que dice que subimos. No puedo dar más datos y, de hecho, doy estos porque sé que quienes habitan esta Ciudad Interior se lo guardarán para sí igual que si estuviesen en la mesa camilla de Fran Ricardo.
Yo, como mi Julio Anguita, jamás me creo una encuesta donde se habla de intención de voto. Otra cosa es que no las utilice, como en este caso, para animar a la gente a seguir peleando por aquello en lo que creemos, para que disimulen, como yo hago, el cansancio físico y psíquico que conlleva no bajar nunca la guardia, el pelear cuerpo a cuerpo, a falta de millones para vender el bote de colón, como hacen otros. También sirve para animarme yo, qué duda cabe, porque es verdad que un buen apunte no cambia el cansancio por fuerza, pero sí ventila la psique y te hace pensar que merece la pena el esfuerzo.
Pero digo más: soy de los que piensan que el esfuerzo siempre merece la pena, incluso cuando el resultado no acompaña. Tal vez esta opinión no sea compartida, pero creo fírmemente en ella. Y lo digo con conocimiento de causa: a pesar del agotamiento, a pesar de las horas de dedicación, a pesar de los sinsabores de la vida política, estoy recibiendo una carga emocional y humana que nunca hubiera podido imaginar, ni por asomo.
Tal vez lo que se me pide o lo que se espera de mí no sea eso, pero si al final la cosa no sale bien, nadie frustrará ese calor que quizá no haya cambiado la humanidad con mayúsculas, pero sí esa sensación de que, a pesar de los pesares, no todo está definitivamente perdido. Por la parte que os toca, gracias.
P. D.: Dicho lo cual, estoy convencido de que la cosa sí va a salir bien.
2.10.06
Blue Monday
Leonor Watling protegía a mi gato de los disparos de Tom Waits. Juro que es cierto, y que el salón de mi casa estaría ahora como los pasillos del hotel de El Resplandor de no ser porque el viejo había llegado borracho y lo único que logró cargarse fue la cabeza de Alain Delon en mi disco de The Smiths.
- A fin de cuentas ya estaba muerto, me dijo Tom cuando volvió en sí, mientras Christina Rosenvinge salía del cuarto de baño con mi cepillo de dientes y preguntando qué pasaba con tanto alboroto.
- Nada, dijo mi gato, que éste ya no sabe dónde encontrar la inspiración para sus canciones.
- Podrías haberme ahorrado el trabajo, apuntó Ian Curtis, que estaba desayunando con los padres de Gail, la chica guapa de Trainspotting.
- ¿Otra vez con el cepillo de dientes de éste? dijo Ray Loriga, aún nervioso por algunas respuestas inesperadas de su mujer en el programa de la otra noche. “Éste”, obviamente, era yo. Ray me trataba así desde que le dije que cada vez se parecía más a Antonio Vega.
Eran las siete menos cuarto y el cuarto de baño seguía ocupado y mi salón era una especie de escenario donde sólo faltaba el enano del final de Twin Peaks. Tom Waits, enchufado a la botellita de whisky que me regalaron en la boda de Pedro y Rocío, se estaba quedando dormido en el sofá mientras intentaba encontrar su megáfono, sin éxito.
- No le digas que se lo llevó Einar, me susurró Juliette Binoche, que venía de la cocina con una bandeja llena de croissantes y crêpes. Ella fue, comme d’habitude, la única que me dio un beso de buenos días en medio de aquella locura.
- ¿Einar, quién es Einar? le pregunté.
- Es el loco ese que vociferaba con la Björk en The Sugarcubes, respondió Leonor, sin dejar de acurrucarse a mi gato.
- ¿Y qué hace él aquí, si se puede saber? interrumpió el enano de Twin Peaks, que apareció de repente por el simple hecho de que yo no dijese más que era lo único que faltaba para completar el cuadro.
- Quién sabe, tal vez buscara al quinto beattle para un suicido colectivo, bromeó Ian Curtis.
- Shhhh... no habléis tan alto, que Tom se va a despertar, volvió a susurrar Juliette.
- ¿Y quién está en el aseo? pregunté en voz baja. Que yo soy el único que entra a trabajar a las ocho.
- No sé, mi amor, me dijo Gail bostezando ante la mirada indiferente de sus padres, enfrascados con Curtis en una tesis acerca de cómo los New Order pasaron de Atmosphere a flirtear con Pet Shop Boys y Johnny Marr en Electronic.
- ¿Tienes sueño, Gail? pregunté a la escocesa, que aún seguía siendo menor de edad.
- Sí, respondió, ¿te importa que me acueste en tu cama, si está libre?
- Sin problemas, le dije, pero ¿por qué no iba a estarlo?
- No sé, vamos a ver...
Caminamos los dos hacia mi cuarto, ella se tumbó en un extremo y miró el reloj de la mesita de noche.
- Son las siete, ¿a qué hora te vas?
- Entro a las ocho, ¿por qué?
- Tienes tiempo, hombre, y el baño está ocupado, así que túmbate un ratito a mi lado.
Acepto a regañadientes (pura pose) y pongo la cabeza sobre la almohada hasta que un instante después, sólo un instante después, Najwa Ninri me toca el brazo y me dice: “Abre los ojos”.
1.10.06
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Pones una estantería nueva para meter los cedés que tienes desperdigados por la casa y piensas que puedes ordenarlo todo en un rato. Qué soberano error. Los amontonas en el suelo y elucubras sobre cómo colocarlos, si por orden alfabético o por estilos o por accesibilidad (los que más escuchas, a la mano, y los que menos, abajo), hasta que te das cuenta de que tienes un desgarrón de tu vida en cada uno de ellos. Para colmo, la desgracia de comprobar que el primero que coges es The queen is dead, y que debajo están los de Shostakovich y que debajo de éstos está Un agujero en el cielo, de los Esclarecidos. O sea, un catálogo de sentimientos pasados que nunca se han desprendido del todo. Haces de corazón tripas y los vas limpiando y ubicando en un orden que no es el previsto. Cuando los tienes todos delante, bien puestecitos sobre su nuevo hogar, compruebas que dos tercios son de pop-rock y el otro tercio es de clásica, que el autor del que más discos tienes es Beethoven, que una parte de mi existencia estuvo abrumada por la new age y otra por Grabaciones Accidentales y otra por 4AD y otra por Rough Trade y otra por Nonesu y otra más, la primera tal vez, por discos que no salen en cd pero sí están en otro recodo de mi casa, un cajón lleno de casetes y un apartado repleto de vinilos. Ahí están guardados algunos de los más viejos momentos de lo que ahora soy, aunque casi nada me quede de aquella Electric Light Orchestra o The Alan Parsons Project, qué tiempos aquellos.
Pones una estantería nueva en casa para meter los cedés y lo que estás ordenando, en realidad de la verdadera de la buena, eres tú. Lo que haya pasado desde que me gasté 600 pesetas con 13 años en mi primera casete original, la soundtrack de una película que ahora me da risa (Xanadu), hasta el último disco que compré por 13 euros en la FNAC (The life pursuit, de Belle and Sebastian), sólo yo podría contarlo, pero me doy cuenta de que mi vida no tendría nada de particular si no fuese porque es mi vida, la que nadie nunca ha vivido ni vivirá por mí, la que, larga o corta de futuro, es la única que he tenido, tengo y tendré. Y en esa estantería nueva, junto a las otras que ya están ocupadas por música, se muestra mi banda sonora. No es poco ni mucho: sólo soy yo.


