31.8.06
El azar tiene múltiples caminos. A veces encuentras cosas que nunca encontrabas cuando las buscabas. Otras das con cosas que estaban perdidas y no lo sabías. Hay ocasiones en que el encontrado eres tú, incluso cuando eres tú mismo quien busca. A mí me pasa a menudo, sobre todo cuando digo alguna frase y me reconozco en ella. Ocurre también con personas que te sorprenden, que renuevan tus motivos para pensar que el ser humano no está del todo perdido, que la caja de pandora a veces se despista y se convierte en caja de gratas sorpresas. Incluso para quienes pensamos que no somos pesimistas sino personas bien informadas, hay momentos cotidianos en que el azar saca de la chistera pequeñas cosas bien dispuestas.
Y lo mejor de todo es que llegan así, de repente, cuando menos te lo esperas. Qué vida.
29.8.06
Frivolidades
Es una chica mayor que nació en Checoslovaquia, se graduó en Argentina y fue profesora universitaria en Venezuela. A veces das con personas que te obligan, sin quererlo, a preguntarte por qué no las has conocido antes. Es imposible describir su mirada cuando le enseñé un par de libros que encontramos hace años en Praga, metidos en una maleta, al pie de un contenedor de basura. Uno de ellos está escrito en alemán. El otro es un libro de cuentos, del que su hija tiene una versión traducida al castellano.
En la sobremesa me cambio la camiseta de Fangoria para ir a un entierro extraño. El tanatorio es un tumulto de sonrisas, donde los no allegados se abrazan y besan y se preguntan por las vacaciones. La muerte como frivolidad, la vida como frase –más corta o más larga- escrita entre paréntesis.
Noche en el parque de La Alquería, conversando sobre las personas que se dedican a la televenta. Otra frivolidad: “decir que quien está dándote la tabarra al otro lado del teléfono no tiene la culpa, decir que sólo están ahí para ganarse la vida, decir que la verdadera responsable es la empresa, que los obliga a insistir en que te compres una caja de vinos... todo eso es una excusa; que se dediquen a otra cosa”.Alguien gritó a los pobres más pobres del mundo que se unieran / Y los pobres más pobres del mundo se unieron para tocar el bombo (Finis Africae, Un día en el parque, GASA-1985)
28.8.06
El total es lo que cuenta
Me preguntaron cuántos discos me habían gustado después de un par de horas visitando la FNAC. Me habría traído dos o tres cajones, respondí. Qué exagerado, comentaron todos. Bueno, es verdad. No todos los de la sección Pop Rock alternativo, tanto internacionales como nacionales, ni tampoco todos los de la sección Nuevas Tendencias – Electrónica, pero el total suma mucho más que éstos que traigo. "Éstos" son: L’horizon de Dominique A, Silabario de Pauline en la Playa, C’est ici de Yann Tiersen, The life pursuit de Belle & Sebastián y Once more with feeling Singles 1996-2004 de Placebo.
Conclusión: Definitivamente, tengo que bajarme el eMule.
Conclusión: Definitivamente, tengo que bajarme el eMule.
El espía que surgió del frío
No te engañes: siempre hay alguien detrás de la puerta.
Todos los hombres hemos aprendido a amar el vértigo que se esconde dentro de los escotes. No hace falta ser Freud para saber eso.
El deseo es una caja de Pandora. El amor es una cama de faquir.
Los hipermétropes seguimos viendo a Plutón. Pobre planeta enano, belcro desprendido del sistema solar.
El último disco de Pauline en la Playa es el más lento et douleureux de todos. El horizonte más cálido de Dominique A está en Groenlandia. La última aguja que encontré en el pajar se me pinchó en el dedo de Reikjavik. En mi próxima operación de cirugía, voy a trazarme el círculo del síndrome polar en el corazón.
(Estoy tratando de decir: En alguna ciudad habrá un taxi que conduzcas tú y algún desierto en que nos encontremos los dos. Pero ya lo dijeron los Esclarecidos, que aprendieron antes que yo a sentirse como peces de aceite en el agua)
23.8.06
El final es el comienzo
Dice Saramago que cuando termina un libro siente emoción y que, a veces, hay lágrimas. “Cuando acabas, te despides, entra una especie de vacío, ¿y ahora qué? Siempre”. Con la música debe ser distinto: no hay partidas, ningún personaje que te dice adiós. Terminas y te das cuenta de que, en realidad, no has hecho más que empezar. Esa es la sensación que me produce haber cerrado Hablar demasiado ayuda a tu enemigo, algo parecido a beberse toda la botella y seguir teniendo la misma sed. También es un parto: ahora son los demás quienes conocen al bebé, le hacen
morisquetas, dicen si se parece a su madre o a su padre, si es bonito o sólo gracioso... Hemos colocado el disco en la web de Jamendo. Y nuestra web está lista. Las fotos de la izquierda se hicieron en la grabación con Luzdemente del clip de Vesper. Hay más fotos en la web de Pedro Carrillo.
Lo dicho: el río acaba de llegar al mar.
22.8.06
Un guión en el aire
Ayer compartí con amigos y amigas una de esas cenas que siempre me recuerdan la película El discreto encanto de la burguesía. No tendría nada de especial si no fuese porque nunca he visto esa película y, aparte la gracia que siempre me ha producido el título, tampoco los comensales de anoche éramos lo que se dice discretos ni burgueses (acaso sólo un poco pequeñoburgueses). En realidad, ese tipo de recuerdos proviene de alguno de los retales lejanos que te cuelgan en la memoria, en concreto de cuando tenía 18 ó 19 años e iba a El Sur, un bar lleno de carteles de cine. Uno de los carteles era de esa película, pero lo cierto es que no se corresponde con la que tengo guardada en mi imaginación, que siempre traiciona mucho más de lo que parece.
Cada vez que me reúno con amigos y amigas en cenas, cumpleaños o salidas nocturnas siempre acabo pensando que debería haberlo grabado todo y escribir luego sobre nuestras conversaciones, meditar sobre las neuras de cada cual, convertirlos en personajes de una novela, hacer un revoltillo con sus vidas para que ninguno se sintiera identificado con nadie en particular y con todos en general... distorsionando la realidad para construir con ella otra realidad diferente. Luego pienso que no sería fácil, que no sería capaz, que la nueva situación tendría que ser tan distinta y distante que requeriría un esfuerzo intelectual imposible para alguien como yo y que, en definitiva, mi particular homenaje a un título de una película de Buñuel que no he visto nunca se debe quedar, al menos por ahora, en el goce interior de pensarlo y dibujarlo en el aire.
21.8.06
Burka
Este fin de semana ha aparecido en El país un artículo sobre la situación de las mujeres en Afganistán. Como no podía ser menos, sigue dando martillazos en el mismo clavo: el burka. Al leerlo, me he acordado de Osama, la película más dolorosa que he visto en mi vida, la que más desasosiego me ha dejado jamás, y eso que he sufrido en muchas ocasiones con el cine, casi tantas como las que he pensado en mi condición de burgués que permanece inmóvil ante los horrores del mundo. Por muy comunista que me sienta, por mucho que mi única religión sea la que busca emancipación social, no deja de perseguirme la idea de saberme inútil para cambiar el estado de las cosas y, aún más, la de sentirme hormiga en medio de un erial donde, como dice Saramago en ese mismo periódico, no somos pesimistas sino personas bien informadas. En Osama, el terror es lo mismo que la vida, y viceversa, cada minuto de la vida de una mujer es un minuto de terror, el peor de todos los terrores: el cotidiano. Dice el artículo que hubo un momento, tras la invasión soviética, en que las mujeres volvieron a la calle, a las universidades, a vestir con faldas, a conducir coches... cosas tan básicas e incuestionables aquí. Fue, tal vez, el único trozo de la historia donde ser del sexo femenino no equivalía a ser esclava. Sin embargo, cuando la locura norteamericana empujó a los talibán a tomar el poder, lo primero que éstos hicieron fue violarlas. Contradicciones y casualidades. El enemigo comunista dando la luz de la libertad a las mujeres. El amigo talib convertido en enemigo del Imperio. Y Osama, la chica de la película, con el mismo nombre que Bin Laden. Y yo aquí, sentado, avergonzado de ser izquierdista de café.
20.8.06
Diálogos en el balcón
(Katrin) Yo no creo que pudiera vivir toda la vida con la misma persona. (Nike) Alguien dijo hace poco en televisión que cuando una persona se enamora, segrega una sustancia que se va perdiendo con el paso del tiempo.Verano en Berlín (Sommer vorn Balkon) es una de esas películas que, cuando sales del cine, te deja pensando sobre la complejidad de la naturaleza humana. En mi caso, además, siendo una persona tan olvidadiza, estoy seguro de que con el paso del tiempo olvidaré todo sobre ella, su título, sus personajes, la trama que cuenta, pero, sin duda, será de esas historias que van dejándome poso en algún lugar de mi conciencia y creándome, sin yo mismo darme cuenta, una concepción de la vida y de la gente y de las relaciones entre la gente.
(Nike) Los hombres que no merecen la pena se han sentado en esos sillones. Los que sí merecen la pena se han sentado siempre en el sofá, como tú. (Ronald) ¿Tengo que decir algo?
El argumento no tiene nada de especial: dos mujeres con una vida más o menos normal, amigas y vecinas del mismo edificio en el Berlín del otro lado del muro, una soltera y la otra divorciada y con un hijo, un camionero tosco y ligón que se interpone entre ambas, guiños a los problemas del capitalismo en la Alemania del Este, al alcoholismo y a los déficits sociales para las personas mayores y dependientes. Pero Verano en Berlín es, sobre todo, una historia sobre el desamor. Katrin, la vecina de abajo, un poco paranoica, que siente celos por Nike, la vecina de arriba, cuando ésta se lía con Ronald, el camionero. Nike, por su parte, se enamora de un tipo sin cerebro y con un montón de hijos repartidos por el país, que sólo sabe decir “no lo pillo” cuando ella intenta decir alguna frase con tintes intelectuales. Oskar, el hijo de Katrin, que tiene apenas diez o doce años y que se enamora de una niña tonta que, obviamente, acaba prefiriendo a otro chico. La camarera del bar de abajo, que también suspira por el camionero. Una historia nada especial en la que, sin embargo, todos podemos vernos como en un espejo.
(Nike) ¿Crees que el hecho de acostarte conmigo te da derecho a tratarme como un hijo de puta? (Ronald) No lo pillo.
Frases: la diferencia entre un buen y un mal guión, sobre todo en películas sobre la vida normal en la decadente Europa, está en saber mantener el equilibrio y no caer en la falsa intelectualidad. Fernando León, por ejemplo, metió la pata hasta el fondo en Princesas –incluso el título es una metedura de pata-, colándonos con calzador a putas y peluqueras como si fuesen personajes aristotélicos. Con Los lunes al sol también hizo algo parecido, pero con más gracia. En cambio, los diálogos de Verano en Berlín resultan mucho más creíbles, incluso asumiendo que el histriónico Ronald está saturado de tipismo. Y la música del francés Pascal Comelade, colaborando en la visión tragicómica de las miserias humanas más elementales, es todo un descubrimiento.
(Nike) La primera vez que me enamoré tenía 9 años. El chico tenía 14, e hizo que todos sus amigos se pintaran mi nombre en la polla. De color verde. Ahí empezó mi fama.
17.8.06
Gimnopedias
Reconozco mi debilidad por Francia, por su arte, su cine, su música, su literatura y, también, por su rebeldía de ahora y de siempre. Siempre he dicho que me gustaría dejarlo todo y largarme a París, ser parte de ese epicentro del mundo que representa para mí la ciudad donde pasearon Eric Satie y Debussy y Fauré; donde una vez, hace ahora diez años, vendí mi alma al diablo buscando a la Julie de Kieslowski en Bleu (mi particular forma de vivir el idealismo); donde poder escuchar, desde dentro de mí mismo, las canciones de Benjamin Biolay, Dominique A, Bertrand Brest, Experience, Autour de Lucie, Françoiz Breut... No, no soy imparcial. Cuando voy al cine (Avenida, claro) siempre me quedo con la película francesa que pongan. Cuando veo un libro de Michel Houellebecq, lo compro. Nunca experimenté tanta emoción en todas direcciones como en el Museo de Orsay, ni me leo entera otra prensa que Le Monde Diplomatique. Eso no me convierte en una especie de extraño nacionalista: tampoco sé qué sería de mi forma de comprender la vida sin la Islandia de Björk, el Manchester de The Smiths o New Order o el Circulo Polar de Los Amantes... Pero hasta la mayoría de las composiciones de Preisner, que es polaco, están concebidas para la existencia de un mundo donde la excepción cultural habla en francés. C’est la vie. 16.8.06
De palabras, ruedas y emociones
Hay frases que no se dicen y que, al no decirlas en un momento concreto, ya no podrán repetirse y generan arrepentimiento eterno. Hay otras en las que sucede justo lo contrario: por decirlas, ya no podrán desdecirse nunca más, porque no volverá a llegar ese espacio perfecto en que romperlas y dejarlas al pairo del olvido. También esas generan arrepentimiento. Por suerte, hay frases memorables, pronunciadas justo en el sitio y ante la persona adecuada.
Todos recordamos ejemplos de cada cual. El paroxismo llega en situaciones como las descritas en aquella canción de Astrud, donde se habla de borrar todo lo mencionado a lo largo de una relación entre dos personas, yendo frase por frase desde la primera a la última, con la paradoja final de, también, desdecirse de esas últimas palabras y volver al principio: repetirlo todo de nuevo. Pero estoy hablando de una idea que sólo puede partir de mentes enfermas –en el mejor de los sentidos de la expresión- y que genera un camino circular, de ida y vuelta, donde todo comienza y acaba y el destino no es más que un punto de partida y llegada, como en la rueda del poema de León Felipe.
Con las emociones, sin embargo, no ocurre lo mismo, aunque muchas de ellas sean fruto de las propias palabras. Tal vez no sean exactamente iguales, pero eso no impide que la fuerza que generen sí lo parezcan y disfruten o sufran, probablemente porque ese terreno depende más de la situación en que cada cual se encuentre a nivel intelectual o químico, y eso nos convierte en ciclotímicos respecto de ciertas sensaciones. A mí me sucede a menudo, sobre todo cuando estoy solo. La última vez fue el sábado pasado, a media mañana, haciendo zapping. Casualmente, y casi sin interés alguno, me paré en un concierto que una orquesta dirigida por Daniel Baremboim daba en la Plaza Mayor de Madrid. Sonaba la novena de Beethoven, sinfonía que soy capaz de tararear de memoria desde los trece años, y que, sin embargo, en ese momento tonto del mediodía me dejó los ojos enjugados de lágrimas y un maravilloso nudo en la garganta, así, sin premeditación ni alevosía, simplemente dejándome llevar por uno de los momentos sonoros más hermosos de la historia de la música.
Cuando estudiaba en el instituto, a principio de los ochenta, solía levantarme a eso de las cinco de la mañana para estudiar. Recuerdo perfectamente mi habitación, el pijama de invierno que llevaba, el radiocassette Sanyo con Radio 2 (ahora Radio Clásica), la lamparita iluminando mis apuntes. En aquellos tiempos mi vida no se parecía en nada a la de ahora y, sin embargo, hay momentos de entonces en que la fuerza de las emociones son idénticas, parece que salen de ese letargo de la vida cotidiana y te dicen “eh, aquí estoy, ¿dónde has estado tú todo este tiempo?”, y tú simplemente tienes ganas de responder “en realidad, nunca me fui, quizá más bien sea que me abandonaste”. Pero claro, hacer eso y decírtelo a ti mismo es como dar otra vuelta más a la rueda. Suba o baje.
Posdata: Y si me pongo a pensarlo, incluso el pudor me permite enumerar aquí un montón de últimas secuencias que forman parte de mi, digamoslo así, emocionario particular:
- This charming man, título de mi entrevista en Punto Cultural. Quien pensó en ese título no sabe lo que me hizo sentir al leerlo.
- La publicación de uno de mis cuentos en el recopilatorio de la Biblioteca Municipal.
- Ver a Depeche Mode en directo.
- Algunas personas que, sin conocerme de nada, me han parado por la calle para saludarme y darme ánimos. Aún más: personas que han venido a buscarme con un recorte de periódico en el que aparece algo escrito por mí y me han dicho “he venido a conocer a la persona que ha escrito esto”.
- Las lágrimas de Carlos Benítez en su despedida como concejal. Y las palabras que pronunció sobre mí en ese momento y otras que ha dicho posteriormente.
- El último disco de Françoiz Breut.
- Que un viejo amigo me haya asegurado que aún conserva como oro en paño un dibujo que hice en 1992.
- Haber leído El amor en los tiempos del cólera, de García Márquez.
- Algunas palabras al azar de Fran Ricardo, Mónica Svetlana, Rosa Montero o Pilar Bohórquez.