28.11.06
A mí lo que realmente me gustaría es escribir una novela como Tokio Blues y quedarme tan pancho sentado en una chaise à idem, viéndolas venir, o llegar, o incluso no aparecer de ningún modo. Sé que esto supone sólo una expresión, un par de frases tipo Esclarecidos para evadirme de lo que verdaderamente me gustaría hacer, que no es escribir una novela, sino ser el triángulo de Astrud y mirarte desde cualquier sitio sin necesidad de estar en ninguno concreto, o sí, pero tal vez en ese lugar en el que tú y yo sabemos que no podré nunca permanecer ni el más mínimo segundo de Cohen. Mientras tanto, la televisión sigue soltando frases de House y yo dudo si lo que realmente me gustaría es ser un triángulo o escribir una novela o ser el personaje de una de esas películas que adoramos y no queremos que termine nunca, porque luego apagas y viene la cruda realidad y las desconexiones entre la realidad y la ficción y las ideas que nos transmiten las ficciones de la pantalla o de novelas como Tokio Blues. Porque, de verdad de la buena, lo que más me apetece es estar dentro de ti, y todas las vueltas que le dé a éste naifpost son, en realidad, excusas para decirte eso sin decírtelo a la cara y... ¿ves? ya se me ha escapado. Pero bueno, en fin, ha sido sin querer queriendo.
25.11.06
Canción triste
El viejo coleccionista de canciones tristes llamó a mi puerta. Traigo canciones de todo el Mundo, dijo, hechas con lágrimas de mujeres dulces y también de hombres rudos. Traigo canciones de cristal hechas con colores imposibles, canciones compuestas del revés, canciones olvidadas en el tiempo y recordadas sólo por mí. Traigo canciones de un segundo y canciones eternas, traigo una vida de canciones breves escritas para ensombrecer la Humanidad. Traigo mi propia desgracia en una canción, dijo, y su mirada se quebró un instante. Traigo canciones de miel y de sal, de luz y apatía, canciones de fuego y de cera y tristes, muy tristes canciones concebidas para hacer reír. Buscó en un saco algo para mí, algo para darme, pero no halló.
Te escribiré una, viejo, para que la añadas a tu colección.
23.11.06
22.11.06
Profil Op. 1
Houellebecq con ira. Noches durmiendo con la Maga, el flautista de Fauré, el arpa de Debussy, las gymnopédies y las gnosiennes y las piéces froides y las sonneries de la rose + croix en la traversée del río. La cámara azul de Kieslowski, el chicle inflado de Kieslowski, el peine polaco de Kieslowski y la excepción cultural y el ojo aturdido de Sartre. L’Humanité y Le Monde Diplomatique y viceversa. Dominique A, Autour de Lucie, Bertrand Brest, Françoiz Breut, Vincent Delerm, Tiersen Monochrome, Paris March y la chanson. Orsay desde la otra orilla del siglo XIX y desde ésta del siglo XX, y amarte desde-en-bajo el Pont Neuf.
Vigilia
Cuando persigues un sueño, lo mejor es no abrir los ojos hasta que lo alcances. El mundo está lleno de deseos impenetrables porque la gente vive demasiado despierta, distraída con los colores espirituosos de la realidad más inteligible, esa que sólo depende del lugar que ocupes en el giro de la noria. Cuando estamos en lo más alto, hasta lo más banal se ve abajo como hormigas. Pero nadie mira arriba; nadie piensa en vencer el vértigo de saltar y atrapar las nubes.
Nos pasamos el tiempo pisando hormigas y engendrando frustraciones.
Vivir despierto es creer en la farsa de lo inevitable, es dejarse arropar por la vigilia; es, en sentido estricto, lo mismo que permanecer dormido sin el instinto de soñar.
9.11.06
Hagamos un trato
Prometo no manipular, no dar bajo cuerda, no usar el corrector ortográfico, no censurar conciencias ni pareceres, no vivir del cuento, no aprovechar la poltrona como púlpito, no practicar autopsias ni dejarme crecer amnesias. Prometo no tachar a los demás de malas hierbas por el simple hecho de no verlos en mi jardín, ni sembrar mis flores del mal a costa del barbecho del resto. Prometo combatir el hastío tanto o más que la prepotencia, la indiferencia igual que la mansedumbre, el dolor ajeno como el propio. Prometo tener bolsillos de cristal, abrir las ventanas y los cajones y los libros de contabilidad, encender la luz por las noches para que cualquiera pueda ver lo que ahora se esconde, descorrer las cortinas y levantar las alfombras.
Prometo no parar hasta que haya alguien dispuesto a tomar el relevo, y no cejar en el empeño de conseguir que ese relevo no sea uno, sino miles. Prometo no ser el déspota ilustrado ni el rojo bananero, ni el “detrás de mí, el caos”.
Prometo borrar los lugares comunes, las frases hechas, la vida loca de las mariscadas inmobiliarias, la cultura basura elevada a categoría de arte popular, los árboles genealógicos de despacho, los premios al baboseo y las prebendas a quienes lustran a diario las baldosas que pisas.
Prometo no ser como ellos, no sonreír como ellos, no jugar, no comprar, no vivir, no hablar ni mirar como ellos. Si estoy donde están ellos, si acabo donde están ellos y ellos donde estoy yo, prometo no hacer lo que ahora hacen ellos, ni siquiera con ellos, ni siquiera contra ellos, porque ellos y yo no tenemos nada en común.
Sé bien que no estoy solo, pero tú también sabes que no somos suficientes, que hace falta más gente, porque la tela de araña lleva colgada demasiados años y todavía sigue atrapando y devorando cuanto puede. Ellos, además, darán su vida en los meses que quedan para engordar aún más los hilos. Aún así tenemos tiempo por delante para romperla entre tod@s. Aunque sólo sea por una vez, confía en la política y haz todo lo posible para que ellos comprueben que mis promesas no son pura y simple retórica.
No pierdas tu tiempo cayendo en la frustración de creer que es imposible, porque eso es lo que ellos pretenden. Simplemente piensa cómo hacerlo, cuál es tu papel y en qué medida puedes acabar con toda esta ética de destrucción masiva. Te estoy hablando de una conjura frente a los necios, de una revolución silenciosa: vamos a partirnos la cara, incluso, sin que ellos se den cuenta.
Empieza ya. Envía este mensaje a quienes creas o quieras que puedan aportar su parte, dales mi correo electrónico para que me escriban o me metan en su messenger, mándales la dirección de mi web, mi número de teléfono... lo que quieras.
El futuro ya está aquí. Actuemos desde hoy. Que nadie se quede mirando. Este es el trato.
5.11.06
3.11.06
2.11.06
El por qué de mis peinados
Cuando me vino encima la web del candidato que en realidad es una web personal tuve claro el "qué" y el "para qué" la iba a hacer, lo cual me facilitó la perspectiva con respecto al "para quíen" y al "cómo". Vistos los resultados, creo que hemos hecho bien, porque las muchas y maravillosas muestras de cariño que he recibido por lo de ML me han dejado completamente tocado, en el mejor sentido de la palabra. Está claro que el tándem Luzdemente & Pedro Carrillo han sido los principales culpables de semejante atentado contra los estándares de la salud propagandística política, aplicando métodos del sistema de mercado a un individuo que está contra el idem y generando expectativas sobre una cosa que resultó que no era una cosa, sino un coso. O sea, que como buen político, ellos/as se lo curraron, y yo me llevé sus premios, jaja.
Lo que no tenía tan decidido era qué iba a hacer con esta habitación con vistas que es LCI, más que nada porque uno ya no es capaz de controlar las prioridades y porque al final son éstas las que te controlan a ti.
Una de las opciones era renunciar aquí y aplicar mis escasos recursos personales al nuevo engendro, obviamente. Eso tiene la ventaja de no cargar aún más de trabajo a mi alter ego, ese tal Juan Palomo con el que convivo más (pero que mucho más) que con my wife. El problema es, también obviamente, que allá no tengo la libertad de movimiento que tengo aquí, donde sólo un puñadito sabéis verdaderamente quién soy y donde yo también sé quiénes sois, dónde vivís y en qué trabajáis. Por tanto, esta vía de escape, a veces tan necesaria, se quedaría más taponada que las posibilidades del PP para gobernar en Cataluña.
Así que aquí estoy, medio vivito y coleando más bien poco, intentando abrir los visillos y mostrar a la cara el por qué de mis peinados y sin necesidad de darle ningún vaso de agua al enemigo (que siempre está ahí afuera, sonriendo con sus dientes de acero).








